Este era un lobo al que le gustaba tanto comer que no bien terminaba
una comida ya estaba pensando en la siguiente. Un día sintió ganas de un estofado y salió de caza al bosque. Encontró una gallina y se acercó lo suficiente para atraparla, pero entonces se dio cuenta de que era algo flaca y decidió engordar. Así pues, se fue a su casa y se puso a cocinar: preparo cien panqueques y los dejó en la puerta de la casa de la gallina. Los días siguientes le llevó cien rosquillas y un gran pastel. Entonces supuso que la gallina estaría suficientemente gorda, y fue a buscarla, pero justo cuando se asomó por el ojo de la cerradura para espiarla, la puerta se abrió: “Así que era usted, señor lobo”, dijo la gallina. Los panqueques, las rosquillas y el pastel habían servido para alimentar a los cien pollitos de la señora gallina, quienes, agradecidos, se lanzaron sobre el lobo para abrazarlo y besarlo. En recompensa, la gallina le preparó una deliciosa cena. Al día siguiente, el lobo devolvió el regalo con cien galletitas para los pequeños.
Keiko Kasza
